No sé en que pequeño instante del día me resolví en pedazos, desestructuré cada uno de los pasos dados por mi cuerpo, me repetí mil veces, me escribí mil páginas de una sola vez, me pensé mil veces pensando en ti... te encontré entre letras que en ningún momento me pareció que existieran. De repente, como si tal cosa, arrastré los pies a la desidia, arrastré los pies y los restos para ver si te encontraba. No sé si te encontré... pero, si no lo hice, me hubiera gustado hacerlo.
Y eso sé que lo sabes.
"La caricia comienza antes de convertirse en caricia". (M.Benedetti)
- ¡No nos grites que no te creemos! El predicador, que en el fondo sabía que no era descendiente de Mahoma, aunque nunca lo reconocería, se bajó de la tarima con su libro de leyes bajo el brazo.
Ni un adepto hoy. Ni un sólo sádico.
El público vigilaba sus movimientos. Él, aceptó las críticas, más de una vez confundió retórica con poética, porque no tenía ninguna de las dos cosas, y gesticuló con elegancia en los momentos precisos.
De repente, alguien le preguntó por su política. - Políti... ¿qué?, respondió. Un silencio mortal susurró la derrota.
El predicador, cabizbajo, supo que todavía hay cosas que no se pueden comprar.