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domingo, 4 de julio de 2010

Queremos olvidar,
estar vacíos de sentimientos,
resistir pasiones,
aferrarnos a la canción
del verano
y no a Ojalá
o Mediterráneo,
hacernos creer que creemos,
querernos a medias
sin compasión;
Lluvia
pero sólo en verano,
libertad
si es en rebajas,
amor inconcreto,
viajes a ninguna parte,
sirvientes que nos sirvan
el café,
labios que no pidan
explicaciones.

Queremos este engaño
y con los ojos tapados
seguimos avanzando
porque de mentiras
también vive el hombre.

Tú, poeta.
Y tú, profesor.
Y vosotros, los que confiáis
algo en la palabra,
en el mundo, en el corazón…
¿A qué estáis esperando?

lunes, 31 de mayo de 2010

Ha llegado

Los gatos inundan las aceras.
Los pájaros
hablan de Filosofía
en las ramas
de los plataneros.
El patio parece
un patio
porque huele a público
y al perro del vecino.
A la gente
de repente
le gusta cantar,
y si se enfadan
enseguida se arreglan
porque dentro de poco
tienen vacaciones.

Parece mentira
este interminable
Invierno
y su manera arrogante
de odiarnos a todos.
Ahora llega la Primavera
quitándose el sombrero,
y saluda
para que no mueran
las plantas de las casas,
para que las moscas
no renuncien a sus antojos,
para que la noche
se haga pacífica y respirable.

Ha llegado.
Por lo menos ahora sé
que mañana sí sale el sol.



Foto: Sofía Blázquez Sánchez





lunes, 24 de mayo de 2010

La certeza

A veces respiro fuerte sólo para oírme a mí misma. Cojo aire por la nariz, y lo expulso por la nariz. Lo cojo. Lo expulso. Es un buen ejercicio, sobre todo si quiero sentirme viva, como tú ahora, que estás leyendo esto; como ella dentro de un rato, cuando reciba la llamada que lleva esperando durante todo el día; como el profesor al que quieren todos los alumnos; como el alumno que hace pellas por primera vez…
A veces, incluso, me gusta sentir el ruido de mis pisadas por la calle. Si los zapatos tienen un poco de tacón, lo aprovecho para hacerme notar. No quiero que los demás me noten. Quiero notarme yo. Decir: “Estoy andando, estoy pisando fuerte y nunca me he sentido tan bien”.
A veces leo una poesía en alto. Si alguien me escuchara probablemente se reiría, o a lo mejor me aplaudiría. No me gusta mi voz, pero me gusta leer en alto. Cojo aire por la nariz, lo expulso por la nariz, leo el primer verso, sonrío, vuelvo a respirar para leer de carrerilla lo que queda de poema. Me aplaudo. La única certeza que ahora siento es que mi aplauso es de verdad. Lo aprovecho, y no me escondo porque hoy no toca esconderse.

Estoy andando, estoy pisando fuerte a un suelo que no me pide explicaciones por ser quien soy, y nunca me he sentido tan bien.

lunes, 17 de mayo de 2010

Abrazo maldito

Abrázame.
Abrázame
fuerte
para que
yo
me agarre,
me amarre
a ti;
Y no me sueltes
porque sino
caeré,
resbalaré,
sucumbiré
a creerme
una ingenua
por no
poderme salvar.

Abrázame
porque
yo
te abrazaré
y pegaré
mis manos
en tu espalda
para que
ya no haya
escapatoria.

Pero,
¿cuándo
la hay?

Si estoy
tan ciega
con tu abrazo
que ni siquiera
noto
el puñal
que guardas
en la manga.

lunes, 10 de mayo de 2010

Tiempos verbales

Te he querido.
En pretérito perfecto compuesto
y en vaqueros.

En presente
me obsesiono.
Me inclino.
Me busco.
No te rías,
por fin he comprendido
que me va a costar olvidarte
y la sensación
es muy poco placentera.

Perdóname,
en imperativo
y en silencio,
porque ya no seré la misma.

Aunque a veces
sigo brindando
-que es gerundio-
sin arrepentirme de ti.

lunes, 3 de mayo de 2010


El olvido

La olvidé. Por completo. Para siempre
(o eso creía entonces). Me cruzaba
con ella por la calle y no era ella
quien se paraba ante un escaparate
de ropa deportiva, no era ella
quien compraba el periódico en un quiosco
y se perdía entre la muchedumbre.
Como si hubiera muerto. No era ella.
Su nombre era el de todas las mujeres.


Luis Alberto de Cuenca

Foto: Sofía Blázquez Sánchez

lunes, 26 de abril de 2010

Alba

Crispín.- Pues no mientas. Ama, ama con todo tu corazón, inmensamente. Pero defiende tu amor sobre todo. En amor no es mentir callar lo que puede hacernos perder la estimación del ser amado.
Los intereses creados, Jacinto Benavente.


No tengo nada que ofrecerte.
Quizás mi poesía,
pero un día dejaré de ser poeta.
Quizás mi juventud,
pero un día dejaré de ser joven.
¿Cómo convencerte?
Madrid,
las estrellas,
la luna…
son cosas demasiado románticas
para ser ciertas.
Sólo tengo lo que soy:
cómo soy a tu lado,
cómo me siento contigo
(nada, al fin y al cabo,
pero un verso vale más
que mil palabras).

Te dejo mi nombre
como última opción.
Recuérdalo,
guárdalo bien,
cuida que no se te olvide,
dilo en alto
cuando no te importe gritar.
Y ya sabes:
puedo dejar de ser poeta,
puedo dejar de ser joven,
pero nunca dejaré de ser Alba…

Con todo lo que eso conlleva.

lunes, 19 de abril de 2010

Lo soñé
y llegué a pensar
que era cierto.

Todo porque
en mis sueños
no te atreves
a darme la espalda.

lunes, 12 de abril de 2010

A cinco minutos

Un momento esperado
desde hace tanto tiempo
me lleva a ti,
y me enfrío.
Me enfrío
pero no puedo escapar
ni gritar
ni patalear
porque no tengo edad para ello
y debo ser civilizada.

Tirito.
Un trueno me sobrecoge.
Parece que está lloviendo,
pero el termómetro marca 20ºC.

Lo que sucede después
ni yo me lo explico
porque los momentos tan esperados,
cuando pasan
(y pesan rápidamente)
son fáciles de olvidar.

El reloj manda.
Un frío glacial congela
mis ganas de hablarte
pero, ¿a quién le importa?
Mañana todavía
es Primavera,
y hay que sonreír
antes de que nos castañeen
los dientes.

lunes, 22 de marzo de 2010

Veniet dies quo te in speculo non agnoscas (Petrarca)

Uno de los mayores problemas que podemos tener es no llegar nunca a conocernos a nosotros mismos. Es curioso, porque constantemente vivimos engañando a los demás, ya sea a través de máscaras, sentimientos, problemas, que intentamos ocultar, dar la vuelta o inventarlos; pero es que además, y esto ocurre más veces de las que deberíamos, nos engañamos a nosotros mismos.
Podría poner miles de ejemplos, pues tenemos la suerte de que somos cosas hechas con mente, voz y voto, pero me parece un ejercicio inútil. Quién no se ha frustrado alguna vez por no saber qué quiere estudiar, o precisamente por saberlo pero estar condicionado a hacer otra cosa. Lo mismo puede ocurrir con cualquier decisión tonta, como hacer un viaje, comprar un coche, y ya menos tonta, "elegir" la persona con la que queremos estar... sentimentalmente hablando, claro. Todo ello me ha llevado a pensar que, en realidad, nunca terminamos de conocernos del todo. Esto puede ser bueno, porque eso significa que nunca terminaremos de sorprendernos, lo que hace más interesante tener mente, voz y voto, pero a la vez crea una serie de conflictos internos poco recomendables para el sufridor.
Sé que puedo estar orgullosa, de momento, de poder decir: sí, me gusta la poesía; el rock; el romanticismo; hablar de hombres, sufrir por ellos; el té con galletas; pasear de noche por Madrid; Andalucía; el mar; la montaña; las fotos en blanco y negro... Y, aun así, hay una cantidad de incógnitas, dilemas, que siguen dando vueltas en mi cabeza día a día, y hacen que dude sobre mí.
¿Engañarme? Espero que nunca. ¿Dudar? Espero que sí, porque con las dudas se consiguen cosas, y se cambia.
Luego, como dice Petrarca, me miraré un día en el espejo y no sólo no me reconoceré, sino que me sentiré bien en contra o no de mi verdadera voluntad.

lunes, 8 de marzo de 2010


“Pero nada es aún definitivo.”
Ángel González

Aún queda algo de esperanza
sumada a una pequeña
y fija imagen
que me niego a borrar.

Huele a tierra mojada.
No tengo paraguas,
no tengo capucha;
Todo parece responder
al mismo orden de las cosas.

“¡Salvadme!”
diría desesperadamente,
pero no tengo fuerzas
para pedir ayuda.

Espero,
requiero una compañía
y la requiero para siempre
para mí.

Aún lo definitivo está lejos,
pero es fácil de lamentar.

lunes, 1 de marzo de 2010

Políti...¿qué?

- ¡No nos grites
que no te creemos!
El predicador,
que en el fondo
sabía que no era
descendiente de Mahoma,
aunque nunca
lo reconocería,
se bajó de la tarima
con su libro de leyes
bajo el brazo.

Ni un adepto hoy.
Ni un sólo sádico.

El público
vigilaba sus movimientos.
Él,

aceptó las críticas,
más de una vez
confundió retórica
con poética,
porque no tenía ninguna
de las dos cosas,
y gesticuló con elegancia
en los momentos precisos.

De repente,
alguien le preguntó
por su política.
- Políti... ¿qué?,

respondió.
Un silencio mortal
susurró la derrota.

El predicador,
cabizbajo,
supo que todavía hay cosas
que no se pueden comprar.

lunes, 22 de febrero de 2010

Futuro y yo

El futuro me sorprende
espiándole,
agazapada,
tras las sombras.

“Vete…”

Desconsolador,
frío…
Me entran ganas
de echar a correr.

“Vete…”

Mi cuerpo no me deja
moverme.
Ambos esperamos
algo que no sabemos
si obtendremos.

“Ven…”

El futuro tira
de mí
y mis pies permiten
que les arrastre
hacia quién sabe dónde.
Desconozco
cuándo podré empezar
a llevarle la contraria,
aunque seguro que no
me aguantará mucho tiempo:
Soy demasiado testaruda
como para verme vencida
por él.

lunes, 15 de febrero de 2010

Héroe convencional

Dedicado a todos los héroes que hay en mi vida, por su modestia, y a Batman, Spiderman y Superman, por su mediocridad.

El héroe convencional es un héroe sin tapujos.
Todas las mañanas suele tomarse una ducha para asimilar el horario de su trabajo, o de sus estudios, y, como no tiene capa, depende para viajar del transporte público o de su propio coche, que no tiene tantas cualidades como el Batmóvil o el Coche fantástico.
El héroe convencional paga multas, recibe facturas y tiene miedo de no llegar a fin de mes. Si tiene suerte y todo le va bien, puede ser un poquito más feliz y tener más confianza para salvar el mundo. La gente empieza a aplaudirle y a vitorearle, pero él, consciente de que es héroe pero también de que es convencional, no se deja llevar demasiado por esos arrebatos de emoción.
El héroe convencional ve la Fórmula 1, se enerva cuando su equipo de fútbol pierde la liga y se desengaña con la política y la ética actuales. Luego se da cuenta de que aún hay muchos problemas sin resolver, y se centra más en su tarea de héroe, cambiando pequeñas cosas de su alrededor.

Siento decir que en un mundo perfecto no existiría este tipo de héroes, porque no habría nada que salvar.
Qué pensamiento más convencional, ¿verdad?

lunes, 1 de febrero de 2010

Luna lunera

La luna es la amante de los románticos. Supongo que una de las razones es que sólo sale de noche, cuando los gatos son pardos y el romanticismo es menos transparente. Entonces, los románticos la cantan y le hacen versos de amor, casi todos tristes. La luna los soporta, a veces no le queda otro remedio; otras veces, sonríe, se vuelve una media luna con forma de sonrisa para que los románticos no sean siempre tan melancólicos y se acuerden de sonreír.
Lo bueno que tiene la luna es que nunca va a estar sola, nunca va a ser miserable, porque siempre tiene alguien que la contemple. Eso es importante. Si la luna saliera de día, nadie querría verla, todo el mundo se ocultaría tras sus gafas de sol y la ignorarían. Incluso el más romántico del mundo, la sería infiel.

Pero no. La luna es un magnífico símbolo, el romanticismo pleno. Supongo que una de las razones es que sólo sale de noche y entonces, de noche, las palabras más bonitas son las estrellas, y es más difícil atragantarse con un te quiero.

lunes, 25 de enero de 2010

Trata de la utopía...

Utopía
Del griego "ou", no, y "topos", lugar: lugar que no existe (RAE).

Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos
y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Entonces, ¿para qué sirve la utopía?
Para eso sirve… Para caminar.
Eduardo Galeano.

Lo imposible es una burla de los dioses.
Fue por eso que éstos desaparecieron.
Mario Benedetti.

Mundo feliz

Me invento una utopía
y juego con mi destino.
El futuro está
en todo lo que hoy decido.
Mi forma de pensar
se hace más fuerte
si hay alguien junto a mí.

Piso el mundo real,
pienso un mundo imaginario.

No todo está perdido
aunque a veces se nos
olvide volar.
No dejo de sentir
y es duro saberlo.

No dejo de pensar,
pero me hago más fuerte
si hay alguien junto a mí.

lunes, 18 de enero de 2010

Ocurre a veces

Cuando las calles
se vuelven de nieve
y anochece a las seis,
Le petit Prince
me enseña un baobab,
el verbo
apprivoiser
y las estrellas.

Ocurre a veces.
Cuando sólo hoy
quiero olvidarme del mundo
y Mafalda me invita
a bajarme de él,
como ha gritado
en tantas ocasiones.

Ocurre
que se me puede olvidar
reír, o buscar mi propio
sentido a la vida,
pero ahí estará don Ángel
"cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro",
y me dejará sin palabras,
todas amigas de él.

Ocurre que a veces,
cuando una se cansa
de pensar
y es muy invierno,
la Marea humana
se llama Benjamín,
y Marilyn
sólo me recomienda ir
con faldas y a lo loco.

Ocurre a veces.

Cuando nada de eso
me salva,
prefiero que nada
me pertenezca.

Sólo por si lo pierdo.

lunes, 11 de enero de 2010

Sigue imaginando

No intentes despertar,
la vida se ve mejor
a ese lado de la
imaginación.
La desilusión,
el ojalá o tal vez,
la fuerza del nunca…
No los tengas en cuenta.
No retrocedas.
Asusta un sueño
que está a medias,
casi tanto como la oscuridad
del callejón más perdido
de la ciudad,
pero un paso lleva
a otro paso
y una mano
que busca otra mano,
nunca estará sola.

No te despiertes
hasta que ya sea
demasiado tarde
para arrepentirte.
Al otro lado
de la imaginación
(no sé por qué)
la vida nos juega
buenas pasadas.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las dos rebanadas

A la entrada de un laboratorio fotográfico había un pobre hombre-anuncio disfrazado de Papá Noel y con un letrero al cuello, de esos que cuelgan por delante y por detrás y que definen muy bien cuál es la receta del capitalismo: se pone una persona cruda entre dos rebanadas de publicidad y se le sirve a un banco.

De estas cuatro líneas de Benjamín Prado en su libro "Mala gente que camina" he sacado varias cosas en claro: que Papá Noel ha caído tan bajo (la crisis es de empresarios, dicen) que tiene que ganarse la vida haciendo de hombre-anuncio (¿cómo se le ocurre?) y que, además, vivimos en una sociedad acosada por la publicidad. Y aún más en Navidad, lo que es más triste.

Nos enseñan que en esta época tiene que haber una "noche de paz, noche de amor" y además debes saber que "la alegría de este día hay que celebrar"... Pero, ¿y la otra cara de la moneda? Es decir, ¿qué hay de esas dos rebanadas de publicidad que envenenan la Navidad? Sí, tienes que ser generoso porque estamos en Navidad, pero también deberías comprarte ropa interior roja para Nochevieja, y si estrenas algo mejor que mejor, oye... ¿Por qué no? Le voy a dar limosna al tío ese que siempre está en el metro haciendo que canta; total, estamos en la época... Eso sí, luego tengo que ir a encargar el marisco y el cordero, que este año nos toca en casa y hay que prepararlo todo como Dios manda...

Con esto no quiero hacer notar que estoy en contra de la Navidad. Estoy en contra de la actitud que tomamos por ser Navidad. Me gustan el espíritu navideño, las costumbres, los puestos de la Plaza Mayor y las luces (cuando se vayan acercando las fechas, y no un mes antes, por favor) por toda la calle de Alcalá y Gran Vía. Me gusta dejar regalos en los calcetines y poner los zapatos limpios la noche de Reyes. Sin embargo, conforme van pasando los años me tomo la llegada de estas fechas de manera muy distinta; puede más conmigo la visión consumista, estresada y acaparadora de todos nosotros, que la bondad, el amor y la paz que predicamos y que pronto se nos olvidan.

Por eso, volviendo al escrito de Benjamín Prado, estoy de acuerdo con él. Es más, añado que cada uno de nosotros está entre rebanadas (ya no dos, cientos) de publicidad. Y lo peor es que casi nunca nos damos cuenta de ello, y sucumbimos a lo que nos parece son precios baratos y al sabor de lo nuevo y lo guay. Descubrir que todo esto pasa más en Navidad que en otras épocas... (vale, existen las Rebajas, pero ellas no predican el amor y la paz) da que pensar, la verdad.

No os ofendáis. Es sólo una opinión. Papá Noel tiene todos mis respetos desde su trono de El Corte Inglés.

Feliz Navidad... Y las dos rebanadas, que sean con aceite y tomate, a poder ser.

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Eres feliz?

Un día cualquiera, Menganita se acercó a Fulano y le preguntó si era feliz. Fulano, tras unos minutos reflexionándolo, contestó que . Pero no sonó muy convincente.
Al día siguiente, Menganita, con voz más segura y firme, le volvió a preguntar a Fulano si era feliz. Éste, también más seguro y tardando menos que el día anterior en contestar, respondió que un poco. Pero Menganita no quedó muy convencida.
Pasaron unos días más y Menganita seguía preocupada por la felicidad de Fulano, y Fulano, angustiado, se dio cuenta de que no era feliz. Optó por contestarle que era feliz sólo un poco (como si se pudiera ser feliz sólo un poco) pero la última vez que Menganita pudo preguntárselo, Fulano le dijo:
- Menganita, no me lo preguntes más. No soy feliz.
A partir de ese momento, sin preguntas ni planteamientos, Menganita y Fulano vivieron felices, más que un poco, para siempre.

Fin.